mirada de bebé

Me pasó un día, me toca esperar de primero frente al semáforo. Noventa segundos hasta que se vuelva a poner en verde. El vidrio de mi ventana está abajo porque no había podido ubicar el evaporador de reemplazo para el aire acondicionado, así que me tocaba compartirme con el calor de la ciudad. Un detalle para alargar el post.
Al mirar a mi izquierda, hacia el otro carro, me percato que un niño, muy chiquito está en las mismas que yo, derritiendo la mirada en el calor, pero dirigiéndola hacia mí. Está recostado de la ventana con el vidrio abajo, amarradito a su silla de bebé. Por lo general le hago caritas a los niños cuando su madre o su padre o ninguno salvo el niño me ve, sólo por jugar al payaso, pero esta vez la mirada del niño es diferente. Tiene unos aires de desafío, con cierta inexpresión, a la vez que vacía. Algo atípica en un bebé de a lo sumo entre 24 y 28 meses según mi criterio de cálculo. No sé si me entienden. No lo fotografié. No se trataba de que si el bebé estaba molesto, tenía hambre, aburrimiento o calor. Era otra cosa, su mirada me la fijaba al rostro, de una forma retadora, como desafiándome a propósito a ver quien sostenía la mirada fija en cada uno por más tiempo, y la forma inexpresiva era como decir que el que se riera primero pierde.
Acepto.
Admito que soy bueno en esto de sostener miradas serias cuando me lo propongo. Incluso las practico. Pero en este caso me costaba. Acostumbramos a desviar la mirada cuando choca contra otros ojos, casi instintivamente, cuando somos adolescentes o adultos. Pero el niño era frío, no sabe lo que es la timidez todavía. Creo que sabe que en algunos segundos tendré que arrancar con el auto cuando el semáforo se ponga en verde, y se aprovecha de eso. Sabe que tiene la ventaja, que me va a ganar el duelo de miradas y aun así, no hace ni la más mínima mueca en los labios de sonrisa de satisfacción ni nada por el estilo.
Trato de aguantar lo más que puedo pero tiendo a sobrepensar demasiado y eso me distrae de mi objetivo. No puedo ni mirar la pizarra de los segundos del semáforo, no puedo ni ver el semáforo y creo que estoy tan concentrado que si los vehículos detrás de mí empiezan a tocarme corneta ni los escucharé.
Más temprano que tarde esta infantilada debe terminar, yo tendré que arrancar, el carro en el que anda el bebé tendrá que arrancar.
Mientras pienso y sufro, el niño, con toda la tranquilidad y paciencia del mundo, no suelta ni afloja la mirada que tiene clavada en mí. Creo que ni parpadea. Me siento a punto de arrojar la toalla, es demasiado para mí. Les recomiendo que entablen desafío de miradas con un bebé para que sepan de qué les estoy hablando. ¿O seré yo que me he visto abrumado por..?
¡BEEEEEP! ¡BEEEEEEP! Son los demás carros, el semáforo está en verde. Salgo del trance, ni modo, no tengo alternativa. Me dispongo a manejar mirando hacia el frente. Al menos el niño se va también. Qué niño tan extraño. ¿Será que sufre de parálisis..?
No, no sufre de parálisis. Gira la cabeza sin despegar la mirada de mí mientras su vehículo me adelanta.
Pues sí. He sido vencido por una mirada de bebé.

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  1. #1 por Ori el 20 abril, 2011 - 0:32

    Lindo! El post y el pequeño también.

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